Un liberal y la disciplina del partido

Alfredo Paz TinitanaPor: Alfredo Paz T.

Columnista para micariamanga.com

El día de la aprobación de las enmiendas constitucionales, Fernando Bustamante (AP) decidió abstenerse, en sus palabras “por sentir que era el momento de dar testimonio de sus valores”. El movimiento al que pertenece cuestiona su proceder desde el argumento de existir una rígida disciplina de partido que debe ser acatada por los miembros del mismo. Así entonces, en tiempos de revolución, y cuando los postulados teóricos pueden ser utilizados para justificar posiciones políticas, debemos preguntarnos ¿qué significa y cuál es el límite de la disciplina partidista?

La disciplina de partido no es más que esperar que en el futuro los representantes se comporten de acuerdo con las ideas expuestas por el partido e incluso acepten la disciplina impuesta por el mismo, es decir, se piensa, actúa y decide como partido.

Si bien, se acepta que los electores eligen a hombres propuestos por un partido político y es razonable esperar que esos hombres elegidos actúen disciplinadamente y de acuerdo a los principios del partido, no es aceptable ni menos razonable esperar que la voluntad del partido se imponga jurídicamente a los representantes. La razón de ello es que los partidos políticos no son iglesias que operan con dogmas sino productos sociales constituidos con base en la libertad de los individuos para asociarse y pensar diferente; la libertad es parte de la génesis de los partidos políticos y por ello no puede ser anulada jurídicamente pues tal actividad iría contra su propia naturaleza.

En la práctica en Inglaterra, un régimen parlamentarista, está vigente la disciplina de voto, no obstante de eso, en temas controvertidos, especialmente los que involucran cuestiones de orden moral (aborto, eutanasia, pena de muerte), se permite a los representantes votar de acuerdo con su conciencia, de forma libre, con el afán de que se exprese el verdadero sentir de la población a través del representante electo. Así las cuestiones de orden moral y de notable trascendencia política como las enmiendas están fuera del régimen de la disciplina partidista.

Francisco Rubio Llorente señala sobre este tema, que todo reforzamiento jurídico de la disciplina de grupo es ilegítimo e inconstitucional pues dificulta la estructura y el funcionamiento interno democrático de los partidos.

En estos días hemos visto a un liberal que decidió dejar de avergonzarse de sus ideales y recordó que lo realmente valioso en el desfile de la vida humana no es el estado político, sino el individuo con personalidad pues sólo ellos crean lo noble y lo sublime, el rebaño es embotar el pensamiento y sentimiento (Einstein). La disciplina de partido es una expresión de la vida del rebaño a la que un liberal debe renunciar y también ha de hacer lo mismo con los medios que pretenden imponerla.

Parece que recuperó la memoria un liberal, esperamos que no olvide que quien renuncia al nombre también pierde su identidad.

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